La vida familiar en casa tiende al aislacionismo, a la incomunicación delante de una pantalla, a la sesión diaria de adoctrinamiento para el consumo compulsivo, o la descarga de infinitos datos que nunca asimilaremos. El hogar es el refugio donde esperamos satisfacer toda la ansiedad, la violencia reprimida, los deseos carnales, la ambición de ser, y todo al final desemboca en una orgía consumista. Pero al sistema le va bien así, y para que no nos falte tiempo, nos acaba de quitar nuestra hora de ocio al aire libre. Uno de los fines del trabajo, es para Santo Tomás de Aquino, el privarnos del ocio, fuente de todos los vicios. El trabajo no es el castigo divino por el pecado original, el trabajo es un magnífico regalo divino y el único medio de salvación, así lo vió Jose María de Escribá, el fundador del Opus Dei, cuando Dios lo iluminó. También el puritanismo protestante, y su lider mundial Bush junior, consideran que Dios premia con riqueza y prosperidad a los buenos trabajadores, y eso consiste el ascetismo cristiano, en la laboriosidad y la negación del ocio, la vida dedicada al neg-ocio. "La gente que no para de trabajar lo hace para no tener tiempo de acordarse de que no tiene nada que hacer", o algo así dijo alguien importante. El ocio en soledad es otro gran tabú de nuestra sociedad. Al verdadero ocio, al destinado a la introspección, su mayor enemigo, la sociedad puritana consumista, le ha robado una hora. |