Algunos tenderos que quieren abrir el domingo tienen limitado su derecho a la libertad de empresa por la función social de este derecho. La finalidad de la actividad empresarial no es lucro del empresario. El sistema social que permite al empresario realizar sus negocios necesita para sobrevivir de la solidaridad, la generosidad, el desinterés, etc. La idea de libertad de empresa desvinculada de su contexto social no tiene sentido práctico. La sociedad que abastece de mano de obra, conocimientos, infraestructuras, tecnología, etc, al empresario, está legitimada para limitar su libertad como contraprestación. Darle la vuelta a la tortilla y por ejemplo denominar al empresario "creador de empleo" me parece un intento de engaño. El empresario en general es como un monje, adora su actividad y renuncia a la vida. Su actividad es su religión: le proporciona autoestima, reconocimiento social, sentido a la vida, conciencia tranquila y ascenso en la jerarquía social, le libra del aburrimiento y le da de comer; para esta religión de los empresarios los demonios son los ociosos y el domingo el día de la bestia. |