No se dónde parará esto, pero es evidente por descargar en favor de Gallardón que una persona puede estar cargada de ambición en su fuero interno y externo, en cualquier orden de su vida, menos en el político. Es en ese estadio en el que la ambición, no sé porqué, se convierte en una rémora, en algo censurable y nocivo, cuando lo nocivo serían otras cosas.
En política, me da la impresión, que cada vez te exigen, en los fueros internos de los partidos, más y más depurada hiocresía; algo así como cuando vas a un banco a pedir un crádito, que tienes que demostrar que tienes más de lo que necesitas, porque si no te despiden con viento fresco.
Gallardón es tan de derechas como cualquier otro militante del PP. ¿Quién puede decir algo sobre sus políticas realizadas en la comunidad de Madrid o en municipio de Madrid que demuestre su centrismo y por tanto su apartamiento posicional con la derecha de su partido? Yo lo desconozco. Lo que le ocurrió a Galladón no es más que esa guerra interna de partidos, en los que unos se posicionan mejor que otros.
La elección de los candidatos y de las listas ha dejado la democracia interna de los partidos a la altura del dedismo, es decir la dedocracia. El ministro de justicia candidato por Murcia, a donde no ha ido ni de veraneo, os acordais del candidato socialista a la alacaldía de Madrid y un largo etc.
Un fichaje bueno es el tal Pizarro; algo pone en los nervios del rival cuando sin entrar ya le critican.
Un saludo |