Volvemos a la carga. Debe ser porque vamos pa vieyos.
No se si esta historia será curiosa, o no, pero al hilo de la que Ángel nos manda donde nos explican las nuevas tecnologías para detectar estas olas asesinas, yo envío esta historia vivida en carne propia y donde señalamos un verdadero vivero de estas gigantescas olas en las inmediaciones del Cabo de Buena Esperanza, Canal de Mozambique y adyacentes costas.
Estamos ruta a bordo de un gigantesco petrolero, donde arbidel prestó sus servicios como tripulante, desde la terminal de crudos de Shell en Ámsterdam, rumbo al Golfo Pérsico a cargar de nuevo otras 275.000 toneladas de crudo, una y otra vez durante seis meses. Pasamos el Canal de la Mancha recalamos en nuestro Finisterre y arrumbamos a Cabo Verde y de allí hacemos rumbo a Cabo de Buena Esperanza unas 7000 millas en total aproximadamente, desde Ámsterdam hasta El Cabo, aun nos quedan unas 5200 mas o menos desde El Cabo hasta la terminal de carga en Mina Alhmadi-Kuwait en el Golfo Pérsico y vemos que tocante a grandes marejadas, que en la mar en todas partes cuecen habas, nos referimos aquí a la creación de gigantescas olas en las costas sudafricanas se debe a una peculiar combinación de las características del fondo del mar, de las corrientes de Mozambique y de las Agulhas y del estado del tiempo.
El continente africano termina al Sur abruptamente, a corta distancia de la costa, en un acantilado que alcanza grandes profundidades. La corriente recorre la base de este acantilado submarino a una velocidad de cuatro a cinco nudos, dando lugar a remolinos y fenómenos similares a los que se producirían en el curso de un gigantesco rápido. Durante el invierno, cuando los vientos del Oeste, procedentes del lejano Sur, soplan alrededor del ángulo del Cabo de Buena Esperanza, giran al Sudoeste de las costas, produciendo los grandes temporales en los que se manifiesta la gran fuerza acumulada a través de su largo recorrido, incorporándose a la agitada corriente de las Agulhas. El encuentro de frente de estos dos potentes oleajes y temporales da lugar a terroríficos y espectaculares efectos. Estos dos sistemas de olas se superponen uno a otro y frecuentemente crean nuevas olas de extraordinaria altura y potencia, en cuya base se produce un repentino vacío o hueco.
Cuando un buque se introduce en dicho vacío, recibe sobre sí la inmensa masa de agua acumulada tras de él, como le ocurrió al:
--Queen Elizabeth", de 83.000 toneladas, que se encontró atrapado en una espantosa tragedia durante la segunda Guerra Mundial. Navegaba cerca de Groenlandia, con millares de soldados a bordo rumbo al puerto ruso de Munsmark el buque introdujo su proa bajo una gigantesca ola que apareció delante de él, hundiéndose profundamente en la misma. Una segunda y enorme ola vino a acumularse sobre la anterior, hundiendo todavía más profundamente la proa, de tal modo que el buque parecía que iba a colocarse vertical sobre su proa cuyo puente, a treinta metros sobre las aguas, se vio sumergido. Esta es otra historia, ya muy lejana.--
Las peores de estas olas se producen a lo largo de la línea de nivel del centenar de brazas de profundidad, en las costas que rodean el Cabo de Buena Esperanza que sigue, poco más o menos, los límites de la arista sub-continental recorrida por el máximo flujo de la corriente. Esta línea de las cien brazas está situada a una distancia de la costa que varía entre veinte y cuarenta kilómetros, que es la zona principal en la cual los buques se encuentran con las dificultades producidas por los remolinos, que hacen que estas costas sean consideradas entre las más peligrosas. Se creía que la mayor garantía para afrontar este tipo de situaciones residía en el tamaño de los buques. Proclamaban satisfechos su convicción de que un súper-petrolero cargado era uno de los objetos flotantes más imperturbables y menos sometidos a la acción del temporal "las aguas se rompen sobre ellos", se escuchaba decir frecuentemente a sus marinos, explotadores, aseguradores y sociedades de clasificación de buques, por lo cual nadie, en la época en que se presentó la enmienda a la línea de carga, parecía tomarse en serio que los temporales fueran capaces de acarrear nuevos problemas, como finalmente hicieron.
Empezó entonces a considerarse el nuevo aspecto que ofrecía el impacto del oleaje sobre aquellos inmensos objetos flotantes. El que un súper-petrolero pueda haber sido considerado muchas veces como un pesado objeto en reposo, estacionario respecto al agua, en lugar de un buque a flote, capaz de remontar las olas y las diferencias de sus reacciones frente a éstas, eran conceptos nuevos que se fueron revelando lentamente.
Las Presiones con grandes variaciones entre el invierno y el verano, parecen más adecuadas para petroleros, como parece indicar el gran incremento de la fuerza del oleaje que bate los costados de un petrolero muy cargado.
Hoy en día, los petroleros han sido equipados con modernos dispositivos automáticos capaces de registrar los impactos que se producen en sus costados y en su proa y advirtiendo a tiempo a los pilotos, a veces descuidados en sus puentes a cuatrocientos metros de distancia de la proa, de los peligros del asalto del agua, y que siempre se han mostrado (y se siguen mostrando) inclinados a ignorar. Durante los temporales de fondo, las olas se abaten sobre los gigantescos petroleros con el mismo ímpetu que sobre los rompeolas y a veces más, puesto que los buques no permanecen en reposo, sino que navegan contra el temporal, comenzando por esta causa, la lenta; pero, inexorable desintegración de sus estructuras.
Sus capitanes habían podido encontrarse con las tormentas del Atlántico Norte y del Golfo de Vizcaya y Mar del Norte; pero al tener que navegar por las aguas del Cabo durante crisis de Suez no tardaron en encontrar la diferencia. Hoy vemos, según el mensaje que nos manda Ángel, de lo adelantadas que estan las nuevas tecnologias para poder detectar estos verdaderos mostruos marinos.
saludos
arbidel |