Claro, me faltaba la botella de agua caliente, pero que no era tan buena como el ladrillo, para éste se necesitaba la cocina de carbón y a los yogurucos ya no os tocó, a Dios gracias. Por otra parte la leche cuajada también salía inigualable arrimadina a dicha cocina.
Entre otra de sus ventajas estaba la de ser una gran superficie, toda ella caliente pero en diferentes grados, de modo que con mover la tarterina ya tenías el calor buscado. Podías poner ollas de pequeño o de gran diámetro de fondo, sin límites.
Y, cómo no, la plancha sin cosumo eléctrico.
También era un calentador de zapatillas, y, si apuramos un poco, hasta del pijama.
Qué guapo ... pero cuánto trabajo.
Mariyina, lo de las sábanas es otra. De algodón, con sus bordados, sus tirabordadas, sus tapacosturas, sus vainicas, las iniciales familiares bordadas con amor o soltando la pasta gansa para que alguna experta bordadora lo hiciera.
Se necesitaban dos personas para doblarlas perfectamente después de limpias y secas. Y si se doblaban antes de que perdieran la últimísima humedad, mejor. Que si "no estires tanto que no me llega la esquina, déjame un poco más que aquí queda una arruga..." etc. Menos mal que planchando el embozo y poco más quedaban muy presentables. El doblado final tenía que ser perfecto, como los pañuelos, que coincidieran los bordes y las esquinas. (Menos mal que aprendimos después a pegar en los azulejos un pañuelo recién lavado y quedaba tan guapo).
Los armarios, llenos de aquel algodón planchado y aromático, eran un orgullo.
Otra historia era el frío húmedo de las sábanas en las casas costeras. Quizá a tí, Mariyina, te pasaban la plancha por ellas antes de acostarte. Me suena el proceso también.
Hoy nos quedamos recordando a Teté, viendo mentalmente su cara risueña, escuchando sus risas y su particular voz y añorando su simpatía.
Nuberu, más o menos lo mismo puedo decir de tu madre. Repasa el parrafín anterior y estarás conmigo en que todo se le puede aplicar. Con la salvedad de que la tenemos aquí, no cabe la añoranza. Y que sea por mucho tiempo.
Para terminar el peñazu, estoy pensando si funcionaría lo del ladrillo en el microondas (como decía mi hijo pequeño, el micróndas, así con una tilde fuerte, incorrecta pero necesaria en algunos casos). No es que ahora haga falta, todo está muy aislado y disfrutamos de buenas calefacciones, es sólo por curiosidad.
Hablando de tildes, a mí no me sale ponerla en Ninobarcena ni en German porque así conocí sus nicks y así me presta escribirlo. Y a ver quién me lo va a impedir ¿no e verdá?
El caso es que la RAE ya me está mareando con tanto quitar tildes después del trabajo que costó aprender a colocarlas bien. Me parece que, después de las de los monosílabos tipo "fue" y "vio", ya hace muchos años, ahora me suena que se nos va la de sólo -adverbio- y la de los pronombres demostrativos. Y alguna más.
Yo me resisto a algunos cambios, no me da la realísima gana de cambiar algunas cosas porque me supondrían un consumo de energía que necesito para la vida. Seguiré siendo miembro de un grupo y no miembra, la mujer magistrada será juez para mí y acentuaré lo que me parezca conveniente. A mi edad no me van a examinar de esas cosas ya.
Eso sí, no se me olvidará decir y escribir bien "LETÍA".
¡Puf! Perdón. Adios. |