Mi humilde opinión es esta. La unidad de españa, de la que el centralismo madrileño es el máximo beneficiario, es el gran sacramento del nacionalismo español. El resto de españa, que es considerado por los centralistas terreno de pastos, cultivos y esparcimiento, y a sus habitantes paletos malhablantes, sí esta es la realidad, digo que el resto de españa es territorio subordinado, conquistado, explotado, dominado. Entonces los que deseamos que españa se rompa tenemos un conflicto de intereses, un problema de conciencia, un dilema moral: simpatizamos, apoyamos, empatizamos con lo que representaba ETA en sus inicios, era muy romantica, era el sueño revolucionario hecho realidad. Luego degeneró como todos sabemos. Pero los fines eran los mismos, y de ahí surgía el remordimiento y hasta el arrempetimiento. Ahora los poderes, los que dominan y ejercen la violencia de forma seudolegítma, no tiene excusa para negar derechos al pueblo vasco, no podrán condenar al independentismo ni demonizar al los de aro en la oreja. Las víctimas, unas más injustas que otras para la opinión dominante, unas más atroces e imperdobables, están condenadas a perdonar y a pasar página, porque para el buenismo, para el progresismo, van a resultar muy molestas. Las víctimas de ambas partes, unas más injustificables que otras, van a ser silenciadas, por restablecer la concordia y la convivencia nos dirán. |