Afortunadamente existe un gran número de personas que investigan la historia de nuestra patria.
Saludos:
arbidel
EL NO CREIA EN LA ALIANZA DE LAS CIVILIZACIONES
Pelayo, el primer rey de Asturias, sigue siendo un desconocido. Ni siquiera se sabe con certeza si era cántabro, astur o godo. Es la afirmación romana, germánica, hispánica y cristiana contra el islam.
José Ignacio Gracia Noriega es miembro del Instituto de Estudios Asturianos. Su último libro (Don Pelayo, el Rey de las montañas, La Esfera de los Libros) saldrá a la venta el 12 de septiembre.
Don Pelayo, primer rey de Asturias y, por tanto, primer rey de España –aunque ahora se pretenda escribir la Historia de otra manera–, es un personaje bastante impreciso. Pero a diferencia de Arturo, más legendario que histórico, Don Pelayo es más histórico que legendario, por lo que, hasta el momento, ha sido pasto de eruditos y protagonista de obras más bien mediocres en el terreno literario. Las noticias que sobre él nos han llegado son escasas.
Se trata de un guerrero de una sola batalla (victoriosa), pues los historiadores rechazan que haya intervenido en la de la Laguna de la Janda, tumba de la monarquía visigoda.
Las crónicas asturianas (la Albeldense y las dos versiones de la Alfonsina, la Rotense y la versión ad Sebastianum) señalan su ascendencia nobiliaria, detallan algunas aventuras previas a su huida a las montañas (a los Picos de Europa), relatan la batalla de Covadonga y pasan por alto su reinado posterior: «Pelayo reinó 19 años y terminó su vida de muerte natural en Cangas de Onís».
Cuentan que Pelayo era hijo de un duque llamado Favila, a quien, por un asunto de mujeres, el rey Witiza le golpeó con un bastón en la cabeza. A consecuencia de ello Pelayo hubo de abandonar la corte de Toledo, por lo que Claudio Sánchez-Albornoz supone que se estableció en Asturias como particular. Sólo así se explica que, en los pocos años que median entre la pérdida de España y su recuperación en Covadonga, Pelayo hubiera podido atraer a su causa a los montañeses, gentes bravas y con profundo sentido de la independencia, como demostraron en las guerras contra Roma. Estos antiguos cántabros y astures, apenas cristianizados, vivían dispersos en clanes, escasamente relacionados con el mundo alejado de las montañas.
Los visigodos apenas se acercaron a las tierras situadas más allá de los «montes firmísimos» de la cordillera Cantábrica, salvo para sosegar alguna rebelión. Es de suponer que Pelayo estableciera tratos con estos clanes, lo que, por otra parte, no era inconveniente para que también los mantuviera con los moros, al mando de Munuza, que se habían asentado en Gijón. Fueron tan buenas las relaciones de Pelayo con Munuza que éste le envió como su representante a Córdoba. Nada escandaloso, pues la mayoría= de la nobleza visigótica que no se había refugiado en Francia tras la escasa resistencia de Teudimero, pactó con los invasores, sin ningún decoro, siguiendo el ejemplo de Egilo, la viuda del rey Rodrigo, que se casó con un jerarca árabe.
A su regreso de Cordoba, Pelayo descubre amores entre Munuza y su hermana, por los que monta en cólera y, fugitivo de Gjjón, busca refugio en los Picos de Europa. Hasta allá van los ejércitos invasores (caldeos, según las crónicas, con un número tan exagerado de combatientes que es imposible que entraran en un valle tan estrecho como el de Covadonga) y son derrotados estrepitosamente. La intervención divina hizo el resto. Los supervivientes (más de 63.000 caldeos) se internaron en los Picos de Europa saliendo a Cosegadia (Cosgaya), en la Liébana donde fueron definitivamente vencidos.
Según una leyenda posterior, Gaudiosa, la esposa de Pelayo, estaba al frente de los lebaniegos. Y entonces Pelayo fue proclamado rey, alzándole sobre su pavés, a la manera visigótica. Con lo que Pelayo representa, antes que Alfonso II (que restauró en Oviedo el orden toledano), la continuidad de la monarquía abolida. A partir de este momento, Pelayo se esfuma; parece que no haya hecho otra cosa que reinar «19 años enteros» y morir de muerte natural. Le rodea el misterio. |