Una cosa es el cuerpo y otra el alma, y para salvar al alma es condición previa reducir a la nada al cuerpo. Una vez que el cuerpo no existe, el alma se libera, y si no ha pecado, alcanza el descanso eterno. Los que han rozado la muerte clínica describen esta experiencia de liberación del alma como luz y paz, o sea como un buen chute de caballo. Si el cristianismo nos dice "renuncia a ti mismo para salvarte a tí mismo", este egoísmo transcendental que impide el disfrute de la vida con la esperanza de un eterno colocón, ha conseguido meternos por la cabeza el ascetismo laboral y la vida dedicada al trabajo como medios de salvación. Trabaja, renuncia a tus deseos, conserva sano a tu cuerpo hasta la muerte, y entonces el placer infinito y eterno te será dado, Dios te lo dará. Si en cambio has decidido cuidar te mi mismo, vivir para el vicio y el ocio, no has sabido esperar y has querido experimentar en vida el placer eterno mediante toda clase de alcaloides y narcóticos, serás condenado al infierno. La duda es si uno puede ocuparse de los demás sin ocuparse de uno mismo, si la bondad también consiste en hacerse daño a uno mismo antes que a los demás, si el conocerse a uno mismo y liberarse de la esclavitud de las pasiones nos permite conocer y ayudar mejor a los demás, si la ansiedad de placer por una vida de privaciones y austeridad que nos ordenan las religiones hedonistas salvíficas es la semilla de la violencia de las masas, si para ser bueno es necesaria una esperanza de eterno placer. |