Abrí este tema hace ahora 2 años, y el cambio ha sido espectacular.
Ayer leí un sesudo artículo en EL PAIS, del cual os pego varios extractos porque es larguísimo pero bastante bueno.
http://www.elpais.com/articulo/portada/Conectados/ era/redes/sociales/elpepusoceps/20100425elpepspor_ 9/Tes
Conectados. La era de las redes sociales
DELIA RODRÍGUEZ 25/04/2010
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Nunca estuvimos tan conectados a los demás como en este momento de la historia. Frágiles, pero extensos, los vínculos que nos unen a los demás se han multiplicado gracias al nacimiento de una tecnología, las páginas de redes sociales, que ha abierto posibilidades impensables hace años. Por ejemplo, que los treintañeros Eva y David (una desde Madrid y el otro desde Galicia) saltaran un muro formado por décadas de secretos familiares para encontrarse.
Historias como la de los dos primos ocurren continuamente a uno (amigos), dos (amigos de amigos) o tres grados de separación (amigos de amigos de amigos). Aunque parezca mentira, ni siquiera estamos lejos de Angelina Jolie, George Clooney o cualquier otra persona del mundo. Como mucho te separan un puñado de amigos o conocidos, dice la famosa teoría de los seis grados de separación.
El éxito de las redes sociales ha sido fulminante. Los expertos no encuentran ningún otro producto que haya recibido una acogida tan veloz y masiva. Tuenti y Twitter nacieron hace sólo cuatro años; Facebook, seis, y la pionera MySpace hace siete. Hoy, 940 millones de personas las componen en todo el mundo. Las hay globales y locales, elitistas o populares, orientadas al empleo o al ligue, fáciles y difíciles de utilizar, para jóvenes y mayores. Pero todas tienen en común que están formadas alrededor de las personas, dejando ver las líneas invisibles que son las relaciones que nos unen. Como una inmensa colmena humana en la que se puede revolotear de una celda a otra.
Facebook es la reina, la red social más popular del planeta. La utilizan 400 millones de personas, y si sus miembros formaran la población de un país, se trataría del tercero más habitado del mundo, sólo superado por China e India. En España ha pasado en un año de cuatro millones de usuarios activos a más de ocho. En ciertos círculos y edades es difícil encontrar a alguien que se mantenga ajeno. A pesar de haberse convertido en el gran directorio de los seres humanos, es a la vez algo tan sencillo como una página web en la que todo el mundo puede participar a cambio de dar su nombre real y añadir a sus conocidos. Una vez dentro, uno cuelga textos, fotos o enlaces, juega a juegos, declara en público que es fan de algo o (mucho mejor) ve qué han hecho los demás.
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Las ancestrales relaciones humanas se han trasladado de alguna forma a Internet. A la eterna pregunta de cuántos amigos es posible tener online sin volverse loco se suele responder que 150. El antropólogo Robin Dunbar observó en los años noventa que el tamaño del grupo con el que se relacionan los primates depende del tamaño de su cerebro. Los humanos, como monos con un cerebro muy grande, estaríamos programados para relacionarnos con esa cantidad de individuos. Con 150 miembros en la tribu, todos se conocen entre sí, se dedican tiempo y recuerdan las relaciones existentes entre los demás. Si se supera ese número comienzan los problemas de cohesión. Dunbar defiende que ni siquiera Facebook es capaz de ampliar una cifra para la que estamos programados.
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Detrás de cada uno de esos números no hay un amigo íntimo. Pero sí utilísimos "lazos débiles", usando la terminología de las redes. Hace unos años conocíamos a alguien (o no) y punto. Hoy existe un montón de relaciones en el limbo, como la que mantenemos con una persona a la que leemos en Twitter y de la que podemos saber a qué hora se ha despertado y qué ha desayunado, pero que puede no sospechar de nuestra existencia. "Antes se formaba parte sólo de tres redes sociales: la del lugar donde vivíamos, la de la familia y la del trabajo, que se solapaban entre ellas. Hoy puedes estar en un montón de redes a la vez y, además, elegirlas tú", defiende el biólogo y profesor universitario Juan Freire. Antes vivíamos en un sitio y nos relacionábamos con la gente de ese lugar. Ahora, nuestro mundo se puede ampliar extraordinariamente, porque quizá por las noches nos conectemos con personas de la otra punta del planeta con las que sólo nos une una afición común.
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Siempre hemos formado redes. Pero con la tecnología se han desarrollado más, se han eliminado barreras como las geográficas y podemos tener una mayoría de vínculos débiles que en conjunto pueden ser más importantes. Por ejemplo, me pueden afectar más en una decisión 200 pequeños amigos que una opinión fuerte de un amigo", continúa Freire. La acción de los lazos humanos es poderosa. ¿Necesitas encontrar un buen colegio? ¿Una pareja? Lo mejor es movilizar a los contactos. Si tenemos 100, y cada uno de ellos otros 100, encontrar lo deseado no es casualidad. Es como si se les hubiera preguntado a 10.000 personas. Siempre hemos utilizado el potencial de las redes de forma intuitiva. La tecnología sólo ha acelerado el proceso para no tener que decírselo uno a uno a todos nuestros conocidos.
En realidad, todas las tonterías que hacemos en las redes sociales de Internet tienen como objetivo mantener vivos los lazos. Al hacernos fan de Iniesta o de Punset, etiquetar las fotos de los amigos, responder a sus comentarios o unirnos al grupo "yo también hacía notitas en clase" (que es exactamente lo que se suele hacer en Facebook) estamos recordando a los demás que existimos. Freire cree que esos actos superfluos sirven de "pegamento social". "Hacemos lo mismo que en la vida cotidiana. Si me tomo un café o me doy un paseo también es una pérdida de tiempo. Pero todas esas interacciones basura son las que luego te permiten obtener ayuda".
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España se ha enamorado enseguida de las redes. Aunque llegó tarde a Internet (se acaban de superar por primera vez los 25 millones de internautas) y se acarrean problemas históricos en el acceso en zonas rurales, las conexiones desde el hogar y el precio de la banda ancha, sorprende saber que somos líderes en tecnologías móviles y en adopción de redes sociales. Las cifras asombran. Según Nielsen, somos el segundo país del mundo que más las utiliza (tras Brasil). De cada cuatro internautas españoles, tres las visitan. No sólo caemos en ellas, sino que además les dedicamos mucho tiempo. En concreto, 5,3 horas al mes por persona, sólo superados por Rusia, Brasil, Canadá y Puerto Rico, de acuerdo con la empresa de medición Comscore.
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Sánchez Burón intenta
deshacer varios mitos sobre el uso que hacen los chavales de las redes sociales. Primer mito: son malas. "Son un instrumento de socialización, mejoran su autoestima y habilidades sociales justo en un momento, la adolescencia, que se caracteriza por la inseguridad. Les da más seguridad en sí mismos". Segundo mito: están encerrados en casa todo el día por su culpa. "No es cierto. Les gusta salir con los amigos, más que Internet; las redes no son un sustituto, sino un complemento". Tercer mito: suspenden por su culpa. "Al revés. Las utilizan los que tienen mejor rendimiento. Los chicos que mejores notas sacan suelen ser los más maduros también en el ámbito social".
Aunque hay excepciones y conviene educarlos para que sean responsables, opina el experto, los jóvenes usan de una forma bastante sensata las redes. Por ejemplo, no suelen admitir como amigos a desconocidos en Tuenti. La mala fama que les han creado los adultos puede considerarse una reacción provocada por el desconocimiento de una tecnología que no entienden. Tampoco ayuda ver en las noticias el perfil en las redes sociales de cada menor de 18 años que sufre o provoca una tragedia.
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"La privacidad ya no es una norma social", llegó a afirmar el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. La última moda en redes es un juego llamado Foursquare que consiste en ir marcando a través del móvil los lugares donde nos encontramos en cada momento, compartiendo la ubicación a través de redes como Twitter. Para algunos, es un pasatiempo tonto y peligroso para la intimidad y la seguridad. Otros ven el futuro en el centro de ese triángulo formado por las redes sociales, el geoposicionamiento y los móviles. "El futuro es trasladar todo lo que hacemos en el mundo real a un contexto web, móvil y social", explica Dentzel, que ha lanzado este año Tuenti Sitios con esa intención.
También se habla mucho de la adicción a las redes, a pesar de que los expertos están divididos. Los más cautos prefieren hablar de personalidades con predisposición a la adicción, una de las cuales puede ser Internet, pero también cualquier otra.
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Si todo el mundo está en Facebook y los jóvenes están en Tuenti, podría decirse que los influyentes están en Twitter. Es la más simple de las redes porque consiste en enviar mensajes de 140 caracteres como máximo a aquellos que nos siguen (followers) y recibir los mensajes de aquellos a los que se sigue. En su simplicidad está su poder. No sirve para subir fotografías ni escribir una sesuda reflexión, pero sí para que los usuarios informen con detalle a los demás de lo que hacen en cada momento. Fascina su potencial informativo. Quien elija bien a quién seguir recibirá como premio y sin hacer nada la información que más interesa a sus contactos (y que gracias a la magia de las redes seguramente será la que más le interese a él también). Y todo a la velocidad del rayo. Su crecimiento ha sido exponencial: en octubre de 2009 ya había llegado a un acuerdo millonario con Google y Bing para aportarles justo aquello en lo que los grandes buscadores comienzan a flaquear, la web en tiempo real.
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Aunque poderoso, el caos de Internet es frágil. A pesar de su éxito, nadie sabe si las redes sociales son una moda que desaparecerá tan rápido como llegó. Funcionan porque sirven para que nos comuniq