¡Córcholis, Zaid, asustéme y tou! Exactamente así escuché siempre en casa la anécdota. Según lo leí parecía que estaba escuchando a mi padre y me dio un respigo. Es que no varía nada, ni una palabrina. Déjame que lo repita:" Hoy no voy mañana vengo tu marido Josefa". Si tuviera hermanos creería que eras uno de ellos.
Prestóme.
Tú, Cibeles, dejásteme planchada. Te doy la razón en lo de la tensión; es que acontecimientos planetarios como el que se avecina o hace tiempo se anuncia en este foro, hacen que estemos ojo avizor. ¿Faltará poco para que estemos más acompañados de lunes a viernes?
Lo del planchazu se debe a la acusación de sabionda. No pretendo saberlo todo, lo siento si te di esa impresión. Digo lo que creo saber, pregunto lo que desconozco o dudo y pido disculpas si me equivoco. De buena fe y con la mejor intención.
Las cosas duelen más según de quién vengan y, aunque no te conozco, no esperaba esa puñalada trapera. No acabo de aprender a curtirme. Mejor será que vaya entamando el caminín hacia el Asilo, como desean algunos, y me deje cuidar por las monjas en vez de andar por estas redes demoníacas.
Quizá me pasé en mis comentarios sobre lo Zen y demás y te ofendí. Perdón, ¡oh, Cibeles!, si eres realmente madre de tres hijos, con marido canalla, y vienes de okupa de turismo rural (eso no lo entendí muy bien). Espero que todo lo Zen nos ayude a ser más tolerantes y humildes. Yo de momento prefiero pedírselo a Dios, aunque probablemente todos sean el mismo.
O me pides disculpas, Cubano, o no te dirijo nunca jamás de la vida una palabra escrita. |